1. AGUA EN ABUNDANCIA: Antes de sentarte a la mesa (unos 10
minutos, aproximadamente), bebe vaso y medio de agua mineral natural o un vaso
(pequeño) de caldo casero desgrasado, así te pondrás delante del plato algo más
saciada.
2. MENOS AZÚCAR: Olvídate del alcohol (o redúcelo bajo
mínimos a las ocasiones más especiales) y limítate a hidratarte con agua,
infusiones, caldos desgrasados o bebidas sin azúcar.
3. MENOS SAL: No le pongas tanta sal a la vida y
sustitúyela por especias y hierbas aromáticas.
4. MENOS HARINA: Ni tampoco azúcar procesado, porque
seguro que eres lo suficientemente dulce como para que te sea suficiente con
los azúcares naturales que contienen los alimentos frescos. Sí, lo has
entendido bien: deja fuera de tu vida las galletas, la bollería, los pastelitos
y toda la gama dulce industrial, así como los zumos de fruta envasados y las
bebidas azucarada.
5.
El AOVE (Aceite de Oliva Virgen
Extra) es el 'oro natural', pero para conservar la línea, reduce su ingesta a
una cucharada por plato.
6. NO A LAS PICADERAS: No a los antojos y al picoteo
'industrial' o, lo que es lo mismo, deja las patatas chip procesadas y demás
'snacks' de bolsa en la tienda y sustitúyelas por frutos secos como los
pistachos, que sacian y te aportan nutrientes y grasas buenas.
7. SIEMPRE DESAYUNO: Dice el refrán popular que hay que
"desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un
mendigo" o, lo que es lo mismo: es fundamental que la última comida del
día sea ligera y a base de vegetales, alimentos proteicos sin grasa, leches
fermentadas (también sin grasa) y todo con una condimentación leve.
8. HACER EJERCICIOS: ¡Muévete! Una dieta no es completa si
no se acompaña de su ración diaria de ejercicio. Pero tranquila, hemos dicho
que hoy no íbamos a hablar del gimnasio: será suficiente con un paseo diario (a
ritmo rápido) de entre 45 minutos y una hora.


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