En medio de la blancura del Polo Sur, una inmensa
mancha roja tiñe uno de los acantilados de la Antártida. Con esa impactante
imagen en un lugar tan puro se toparon por primera vez unos exploradores en
1911, quienes pensaron equívocamente que el color anómalo de las bautizadas
como Blood Falls (cataratas de sangre) era fruto de unas algas rojas.
Aunque esa idea se descartó con los años cuando se
halló en unas muestras óxido de hierro, las profundidades congeladas del
impenetrable glaciar Taylor, ubicado en la Tierra de Victoria al este de la
Antártida, han ocultado hasta ahora el secreto de dónde emanaba y cuál era la
causa de esa maravillosa extrañeza.
Por fin, gracias a un radar capaz de rastrear la
trayectoria, un equipo de científicos liderados por la Universidad de Alaska
Fairbancks, ha averiguado el camino que sigue la salmuera roja a 300 metros
bajo el glaciar. Según explican en el estudio publicado por Journal of
Glaciology, el flujo de agua salada rica en hierro se abre paso en el interior
del glaciar y se oxida al entrar en contacto con el aire en la salida.
Jessica Badgeley, autora principal de la
investigación, señala que hace más de un millón de años, mientras el Glaciar
Taylor se extendía por la Antártida, atrapó un pequeño lago de agua salada bajo
numerosas capas de nieve y hielo. A pesar de que se consideraba bastante
imposible que el agua líquida pudiera aguantar dentro de un glaciar, la
salmuera se concentró tanto que se volvió demasiado salada para congelarse.
"Aunque suene contraintuitivo, el agua libera
calor a medida que se congela, y ese calor calienta el hielo más frío que la
rodea. El calor y la temperatura de congelación más baja del agua salada hacen
posible el movimiento del líquido, por lo que el glaciar Taylor es ahora el
glaciar más frío conocido que tiene agua que fluye constantemente",
explicó el glaciólogo Erin Pettit.
El estudio arroja también luz sobre la ecología de esa
corriente al descubrir que no es un hábitat muerto. El agua es la casa de unas
bacterias extremadamente resistentes que han conseguido sobrevivir atrapados
durante milenios en esas condiciones alimentándose a base de sulfato. El bloque
de hielo de las 'cataratas de sangre' alberga vida y agua líquida que fluye.


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