El Tribunal Supremo de Rusia ha declarado este jueves como
extremista la actividad de los Testigos de Jehová y ha prohibido sus
actividades en todo el país. El gobierno ruso cree que algunas de sus
actitudes, como la de rechazar transfusiones, van en contra de una ley rusa que
prohíbe el extremismo.
"El Supremo
declara como organización extremista el 'Centro de Dirección de los Testigos de
Jehová en Rusia' y ha dispuesto que se prohíba su labor en el territorio del
país", dijo el juez Yuri Ivanenko. Representantes de la organización
religiosa indicaron que acudirán a la Corte Europea de Derechos Humanos, la
única instancia que les queda y que ya en alguna ocasión ha fallado a su favor.
El veto afectaría a
395 de sus ramificaciones y a un total de 175.000 fieles en Rusia. "Si
esta denuncia prospera, implicará consecuencias catastróficas para la libertad
religiosa en Rusia", dijeron en un comunicado desde este colectivo.
Si la
sentencia se convierte en firme los que profesen esta fe podrían ser procesados
por extremismo. Entretanto, el Ministerio de Justicia -que fue el que interpuso
la demanda de prohibir a los Testigos de Jehová en la Federación de Rusia- ya
suspendió el trabajo del 'Centro' hasta que el Supremo dictase el fallo
definitivo. Y el propio Supremo, al aceptar la denuncia presentada por el
Ministerio de Justicia, ha dispuesto la nacionalización de los bienes de la
organización religiosa después de solicitar el mes pasado cerrar las
principales oficinas de este grupo religioso, ubicadas en San Petersburgo.
Los Testigos de Jehová son una organización religiosa
internacional que comparte preceptos de otras corrientes no ortodoxas del
cristianismo pero que basa sus creencias en un entendimiento propio de la
Biblia. Su rechazo de las transfusiones es ahora considerado en Rusia un
"desafío a los médicos". Ante este proceso contra ellos, los
portavoces del colectivo habían defendido que no son una organización
extremista: durante el juicio los abogados argumentaron que una eventual
prohibición violaría la normativa internacional, incluyendo el Convenio Europeo
de Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles.
Pero algunos expertos rusos consideran que la organización
es en realidad una secta. Los medios del país recordaban estos días que el
colectivo religioso ha tenido en varias ocasiones problemas con la ley:
incumplimiento de decisiones judiciales, penas por posesión de materiales
extremistas y otras denuncias por vulnerar una ley contra el extremismo que
Moscú puso en marcha cuando la segunda guerra chechena y el 11-S habían
colocado a Rusia ante el espejo del peligro del radicalismo. De hecho recientemente
Rusia ya había prohibido publicaciones de la organización argumentando que
destruye familias e incita al odio. Un portavoz ruso de la organización,
Yaroslav Sivoulski, declaró a France Press sentirse "impactado" por
la decisión de los jueces. "Nunca pensé que tal cosa sería posible en la
Rusia moderna, donde la Constitución garantiza la libertad religiosa", se
quejó.


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