Por Edwin Santana
Nuestra cultura es básicamente
cristiana.
Con el devenir de los tiempos, la
Iglesia Cristiana ha venido sufriendo transformaciones, mismas que, de una
manera u otra, afectan a todo el universo occidental debido a que los
parámetros morales vienen implícitamente dictados por ella, y con cada cambio,
la visión que el pueblo tiene de la Iglesia va mutando también.
En la Edad Antigua (a de C.) no
existía el cristianismo. La religión en la cual nació Jesús de Nazaret era sólo
aceptada por sus congéneres (los judíos) y el mundo occidental exhibíaen cada
pueblo, una adoración divina diferente.
Luego, en la Edad Media (período
histórico de la civilización occidental comprendido entre el siglo V y el siglo
XV), la Iglesia Cristiana ostentaba el poder político más importante de todo
Occidente y, a fuerza de sangre y dolor, logró imponer sus creencias y sus
dogmas a casi todos los pueblos.
Nuestro continente, (invadido a
finales del período medieval y en los inicios del renacimiento) ha sido testigo
de esa transformación forzada a la que me refiero cuando, por medio de la
espada, se les impuso a los criollos una religión totalmente extraña para
ellos. En el viejo mundo, el que no estaba de acuerdo con los dogmas eclesiales
y/o apostaba por la ciencia, cuyos avances contradicen los mitos, era pasible
de ser condenado a pena de la más horrorosa muerte.
En el renacimiento (a partir del
siglo XV d de C.) y los años posteriores, con revoluciones encabezadas por
personas que, o se sentían subyugadas o no les convenían los manejos del
gremio, o simplemente tuvieron una reflexión diferente y se entendieron
iluminados con otra verdad, la Iglesia Cristiana (además de sufrir una secesión
por la reconocida rebelión luterana) fue perdiendo ese poder que ostentaba en
los siglos anteriores.
Todos esos cambios en lo que se
conoce como la creencia cristiana en general (católicos, protestantes,
ortodoxos, y cualquier otra división), han ido influyendo en la forma de pensar
y consecuentemente en el comportamiento del ser humano occidental.
Cuando la iglesia tiene el poder
absoluto, sea por la razón que sea, la gente observa sus preceptos morales y su
conducta rara vez se aparta de ellos; cuando la Iglesia pierde poder, se divide
y llega hasta el punto de ridiculizarse (por acciones de los hombres que el
pueblo supone que son sus representantes y, por consiguiente, modelos a seguir)
la gente común pierde esa orientación y empieza a hacer las cosas a su modo o
como mejor le convenga.
Aparentemente, el hombre de hoy ha
entendido –sea por los cambios que ha visto sufrir a su fuente de moralidad o
por el comportamiento disoluto de los ‘hombres de fe’- que Dios se ha mudado, y
por esa razón, ya no es necesario seguir una línea ética
para sus actos conductuales.
El Cristianismo, como órgano
preceptor y velador de los conceptos morales en Occidente, ha fallado en su
cometido.


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